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Star Trek: En la oscuridad

julio 10, 2013

“El hombre de Acero” comenzó de manera ciertamente esperanzadora el verano cinematográfico. Un verano que va a estar marcado, a parte de por Superman, la vuelta de J.J. Abrams (futuro director del futuro Episodio VII de Star Wars) al mundo Trekkie (cinta que nos ocupa), la nueva película de Guillermo del Toro, “Pacific Rim” y la segunda película de Neill Blomkamp, “Elysium”, tras sorprender a propios y a extraños hace 4 años con la magnífica “District 9”.

Star-Trek-Into-Darkness

Pero centrándonos un poco, y tras dar el repaso a las citas más o menos ineludibles para cualquier aficionado que se precie, esta “Star Trek: en la oscuridad” sigue las líneas marcadas por su antecesora de forma milimétrica. Con el fichaje de ese monstruo interpretativo que se llama Benedict Cumberbacht, esta nueva entrega de la franquicia Trekkie prometía un villano a la altura, que hiciese evolucionar a los protagonistas de forma clara y contundente, y al mismo tiempo tuviese una personalidad e intenciones que moviesen la cinta por entero. El resultado se queda un poquito a medias.

El Star Trek llevado a término por Abrams no esconde en ningún momento sus referencias. El cine realizado por Spielberg y Lucas, el cual tuvo su inicio a mediados de la década de los 70, y que llegó para quedarse, hasta día de hoy, se postula como el gran referente de las andanzas de Kirk, Spock y compañía. El inicio de la cinta bebe del más puro Indy, de ese sentido de la aventura un tanto desenfadado pero totalmente coherente consigo mismo.

Enterprise

Este espíritu está presente en cada fotograma de la película, y sin duda es lo que consigue mantenernos en la butaca durante las dos horas de proyección. Además de ello, el villano de la función promete poner en serios apuros a nuestros protagonistas, protagonizando además la escena más emocionante y mejor realizada de la cinta, contando además con otra raza extraterrestre que rezuma carisma por cada uno de sus poros, y que pide a gritos que la siguiente entrega del mundo Trekkie se centre en ellos sí o sí.

No obstante, hay ciertos aspectos que no me terminan de cuadrar demasiado bien. Al igual que la anterior entrega, hay un uso desmedido del humor más tontorrón y, en muchas ocasiones, absurdo e infantil. Hay otros momentos en que las notas de humor están bien implementadas y van en consonancia con los personajes, pero hay otros en que tienen poco menos que un carácter intrusivo que nos saca de la película. Quizás el principal fallo sea mío, al desear un poquito más de seriedad en según qué tramos del film.

star-trek

Por otra parte, el guión, que en principio no tendría porqué haber necesitado ser demasiado enrevesado, llegado a un punto de la trama, decide liarse y liarse y liarse, saltando a la palestra cierto personaje cuya trama, ciertamente, sobra. Y sobra porque el resultado es que el personaje interpretado por Cumberbacht, ese malvado que iba a hacer las delicias de quienes deseamos ver en pantalla villanos bien escritos e interpretados, por considerarlos parte fundamental de una película, y un pilar básico junto al protagonista, termina algo desdibujado y con menos protagonismo del deseado. Quizás por querer sorprender (demasiado), al final este aspecto de cinta se nos queda a medias. Y es que esa oscuridad que nos venden, no termina de aparecer. Una pena.

Sin embargo, a pesar de ciertos fallos, “Star Trek: en la oscuridad” es un blockbuster veraniego de libro. La acción no para, hasta el punto de que podríamos afirmar, sin demasiado miedo a equivocarnos, que toda la cinta es casi un clímax continuo. No tiene casi respiro, y eso hace que el espectador no se pregunte ciertas cosas, o no dé mucha importancia a algún que otro Deus Ex Machina verdaderamente sonrojante. Pero como digo, el cómpluto global es notable. No saldremos decepcionados en absoluto, aunque sí con cierta sensación de que, con un poco más de seriedad y algo más de consistencia en el libreto, esta segunda parte del Star Trek  de Abrams hubiese sido algo más. Aún así, en la memoria nos quedan esas lágrimas de Spock, ese klingon de Uzura o esa rendición de Harrison, por nombrar unos pocos momentos. La película atesora muchos más.

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